De este salmo surgen tres grandes temas que vale la pena reflexionar. El autor sueña, el autor llora y el autor canta. No es de extrañar que la gente llorara, pues el pueblo de Israel tuvo que ir contra su voluntad al exilio, de Israel a Babilonia. Tampoco es de extrañar que la gente cantara, pues no podían olvidar la tierra de Sión. Y tampoco es de extrañar que la gente soñara, pues soñaban con el día en que se les permitiría volver a casa.
Estos tres temas dan lugar a tres preguntas que todo líder puede hacerse:
- ¿Con qué sueño?
El salmista recordaba a Sión, donde anhelaba volver a vivir. ¿Cuáles son los sueños de tu corazón? ¿Qué harías si no tuvieras miedo?
- ¿Por qué lloro?
El salmista llora por la vida en Babilonia y el cautiverio en aquel lugar. ¿Qué te hace llorar? ¿Qué necesidad provoca en ti arrebatos apasionados?
- ¿Qué me hace cantar?
El salmista cantaba sobre las bendiciones y la justicia de Dios. ¿Sobre qué te encantaría cantar? ¿Qué te hace exclamar de júbilo y libera en ti una gran alegría?
Salmo 137
Lamento de los cautivos en Babilonia
1 JUNTO á los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión.
2 Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas.
3 Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sión.
4 ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?
5 Si me olvidare de ti, oh Jerusalem, mi diestra sea olvidada.
6 Mi lengua se pegue á mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere á Jerusalem como preferente asunto de mi alegría.
7 Acuérdate, oh Jehová, de los hijos de Edom en el día de Jerusalem; quienes decían: Arrasad, arrasad hasta los cimientos en ella.
8 Hija de Babilonia la desolada, bienaventurado el que te diere el pago de lo que tú nos hiciste.
9 Bienaventurado el que tomará y estrellará tus niños contra las peñas.