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Disposición para aprender – Daniel

El rey aprende lentamente.

Una espiral que nunca termina: cada vuelta añade algo y lo transmite.
Cualidad de liderazgo #20

Disposición para aprender: La capacidad de liderar está estrechamente ligada a la capacidad de aprender.

Pasaje bíblicoDaniel 4Leer en BibleServer.com
8 min de lectura

El rey Nabucodonosor fue uno de los líderes más arrogantes que ha conocido la historia. Estaba tan enamorado de sí mismo y era tan soberbio que Dios tomó con él un camino muy inusual.

De un tocón con banda dorada brota un nuevo tallo bajo la copa perdida – como el rey que aprende despacio.
De un tocón con banda dorada brota un nuevo tallo bajo la copa perdida – como el rey que aprende despacio.

Dios le dio al rey un sueño acerca de un gran árbol, del cual descendía un vigilante santo, un ángel. (7-11) El árbol representaba a Nabucodonosor. El árbol fue cortado y sus ramas y sus frutos fueron esparcidos por el campo. (11) Así le sucedió también a Nabucodonosor, pues cuando doce meses después de su sueño volvió a enaltecerse a sí mismo y no a Dios, Dios cumplió su profecía. A Nabucodonosor le sucedió exactamente lo que el sueño había predicho. Dios, como el Rey supremo, castigó a Nabucodonosor y le enseñó obediencia.

Al final, la disciplina de Dios dio fruto. Cuando el rey regresó a su palacio después de siete años, era un hombre distinto.

Daniel 4:34 Ahora, pues, yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y él puede humillar á los que andan con soberbia.

Alabó a Dios por su obra y se sometió a él. En ese tiempo desarrolló un espíritu enseñable.

  • Palabras de gratitud. El rey halló palabras de gratitud y reconocimiento para la gracia y misericordia de Dios.
  • Espíritu hambriento. El rey desarrolló una pasión por seguir creciendo.
  • Viendo el conjunto. El rey vio ahora las cosas desde otro punto de vista.
  • Insatisfacción con el presente. El rey sintió insatisfacción con el estado actual de las cosas.
  • Corazón humilde. El rey se mostró humilde respecto a su propia importancia y poder.
  • Espíritu atractivo. El rey se volvió atractivo para las personas.

Para reflexionar sobre esta cualidad te pueden ayudar las siguientes preguntas y pensamientos: ¿Cómo estás tú en esto? ¿Eres enseñable? ¿Enseñas o también aprendes de tu gente?

  • No creas en tu propia fama. El mayor enemigo del éxito futuro es el éxito presente. No dejes que te engañe.
  • Observa cómo reaccionas ante tus propios errores. ¿Asumes tus errores o se los achacas a otros? Sé honesto contigo mismo.
  • Prueba algo nuevo. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez? Los desafíos nos ayudan a seguir desarrollándonos.
  • Crece en una fortaleza. Lee libros y aprende de otros en un área de tu fortaleza. Esfuérzate por alcanzarla.
Daniel 4:1-34
1 Yo Nabucodonosor estaba quieto en mi casa, y floreciente en mi palacio.
2 Vi un sueño que me espantó, y las imaginaciones sobre mi cama, y las visiones de mi cabeza me turbaron.
3 Y por mí se puso mandamiento de hacer venir delante de mí á todos los sabios de Babilonia, que me mostrasen la interpretación del sueño.
4 Y vinieron magos, astrólogos, Caldeos, y adivinos; y dije el sueño delante de ellos, mas no me pudieron mostrar su interpretación.
5 Hasta que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en el cual hay espíritu de los dioses santos, y dije el sueño delante de él, diciendo:
6 Beltsasar, príncipe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, y que ningún misterio se te esconde, dime las visiones de mi sueño que he visto, y su declaración.
7 Las visiones de mi cabeza en mi cama eran: Veía yo, y he aquí un árbol en medio de la tierra, cuya altura era grande.
8 Crecía este árbol, y hacíase fuerte, y su altura llegaba hasta el cielo, y su vista hasta el cabo de toda la tierra.
9 Su follaje era hermoso, y su fruto en abundancia, y para todos había en él mantenimiento: debajo de él se ponían á la sombra las bestias del campo, y en sus ramas hacían morada las aves del cielo, y de él se mantenía toda carne.
10 Veía en las visiones de mi cabeza en mi cama, y he aquí que un vigilante y santo descendía del cielo.
11 Y clamaba fuertemente, y decía así: Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle la hoja, y derramad su fruto: váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas:
12 Mas el tronco de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de metal, entre la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte con las bestias en la hierba de la tierra:
13 Su corazón sea mudado de corazón de hombre, y séale dado corazón de bestia; y pasen sobre él siete tiempos.
14 La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la demanda: para que conozcan los vivientes que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y que á quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.
15 Este sueño vi yo el rey Nabucodonosor; mas tú, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los sabios de mi reino nunca pudieron mostrarme su declaración; mas tú puedes, porque hay en ti espíritu de los dioses santos.
16 Entonces Daniel, cuyo nombre era Beltsasar, estuvo callado por espacio de una hora, y sus pensamientos lo turbaban. El rey habló, y dijo: Beltsasar, el sueño ni su declaración te turbe. Respondió Beltsasar, y dijo: Señor mío, el sueño sea para tus enemigos, y su declaración para tus contrarios.
17 El árbol que viste, que crecía y se hacía fuerte, cuya altura llegaba hasta el cielo, y su vista por toda la tierra;
18 Y su ramaje hermoso, y su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él; debajo de él moraban las bestias del campo, y en sus ramas habitaban las aves del cielo:
19 Tú mismo eres, oh rey, que has crecido, y te has hecho fuerte; pues ha crecido tu grandeza, y ha llegado hasta el cielo, y tu señorío hasta el cabo de la tierra.
20 Y cuanto á lo que vió el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo, y decía: Cortad el árbol y destruidlo: mas el tronco de sus raíces dejaréis en la tierra, y con atadura de hierro y de metal entre la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y su parte sea con las bestias del campo, hasta que pasen sobre él siete tiempos;
21 Esta es la declaración, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre mi señor el rey:
22 Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como á los bueyes, y con rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que entiendas que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y que á quien él quisiere lo dará.
23 Y lo que dijeron, que dejasen el tronco de las raíces del mismo árbol, quiere decir que tu reino se te quedará firme, después que hayas conocido que el cielo se enseñorea.
24 Por tanto, oh rey, sea acepto mi consejo delante de ti: redime tus pecados por justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias á los pobres: he aquí será alargamiento á tu tranquilidad.
25 Todo vino sobre el rey Nabucodonosor.
26 Al cabo de doce meses, andando en el palacio del reino de Babilonia,
27 Habló el rey, y dijo: ¿No es ésta la grande Babilonia que yo edifiqué para casa del reino, con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi grandeza?
28 Aun estaba la palabra en la boca del rey, cuando cae una voz del cielo: A ti dicen, rey Nabucodonosor: El reino es traspasado de ti:
29 Y de entre los hombres te echan, y con las bestias del campo será tu morada, y como á los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo se enseñorea del reino de los hombres, y que á quien él quisiere lo da.
30 En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fué echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se bañaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como de águila, y sus uñas como de aves.
31 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi sentido me fué vuelto, y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su señorío es señorío sempiterno, y su reino por todas las generaciones.
32 Y todos los moradores de la tierra son reputados como nada; y en el ejército del cielo, y en los moradores de la tierra, él hace según su voluntad; ni hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
33 En el mismo tiempo mi sentido fué á mí vuelto, y torné á la majestad de mi reino: mi hermosura y mi grandeza volvió sobre mí, y mis gobernadores y mis grandes me buscaban, y fuí restituído á mi reino, y mayor grandeza me fué añadida.
34 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdad, y sus caminos juicio; y él puede humillar á los que andan con soberbia.
Pasaje bíblico
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Fuente: John C. Maxwell, Las 21 cualidades indispensables de un líder · Más sobre el origen

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