En Oseas 3, el profeta recibe un encargo claro. Debe amar a su esposa, la prostituta, que le es infiel. Debía actuar, no reaccionar. Debía amar a esa mujer, en lugar de vengarse.
Oseas 3:1 Y díjome Jehová: Ve, ama todavía, según el amor de Jehová para con los hijos de Israel, á una mujer amada de su compañero, aunque adúltera.
Dios llama a los líderes a un estándar más alto que a los seguidores. Están llamados a responder como Dios lo hizo con Israel. Aunque Israel se había entregado a hechos reprobables y vergonzosos (mentira (4:1), prostitución (4:11), asesinato (5:2), robo (7:1) y opresión (12:7)) y había cometido adulterio espiritual, Dios no dejó de guiarlos ni de capacitar a su pueblo.
En el último capítulo, el profeta pide a Israel que regrese a Dios (14:2), para que reciba gracia, misericordia y sanidad (14:2-4). Los líderes solo pueden hacer esto si dirigen sobre la base de principios y no sobre la base de emociones.