El rey David escribió el Salmo 51 poco después de haber cometido adulterio con Betsabé (2 Sam. 11:1-12:15). Cuando Natán lo confrontó con este pecado, el rey David cayó de rodillas y se volvió a Dios. Buscó públicamente la restauración como rey y como hombre espiritual, como este salmo lo muestra claramente. A causa de esta actitud, Dios le permitió permanecer como rey hasta el final de su vida.
¿Por qué fueron destituidos algunos reyes de su cargo cuando cometieron faltas morales, y otros no? ¿Por qué se le permitió a David seguir siendo rey? La respuesta podría encontrarse en la Ley del Terreno Firme. David practicó esta ley y recuperó la confianza de Dios. Los líderes que no se arrepienten, o que solo lo hacen superficialmente en público, a menudo pierden sus posiciones. Y también es cierto que algunos pecados descalifican a un líder para seguir sirviendo. Pero la mayoría de los líderes no caen por sus errores, sino por sus engaños. (Ej.: el canciller de Austria Kurz —fraude con una empresa de medios (2021)—, Christian Wulff —sospecha de corrupción (2012)—, Karl-Theodor zu Guttenberg —fraude con su tesis doctoral (2011)—).
La historia demuestra que el público perdona a un líder cuando reconoce verdaderamente un error y se vuelve de él. Los errores suceden. Pero cuando un líder engaña a quienes lo siguen, pierde tanto su confianza como su seguimiento.
Salmo 51
Ten piedad de mí, oh Dios, pecador (El cuarto salmo penitencial)
1 Al Músico principal: Salmo de David,
2 cuando después que entró á Bath-sheba, vino á él Nathán el profeta.
3 TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: Conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
4 Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
5 Porque yo reconozco mis rebeliones; Y mi pecado está siempre delante de mí.
6 A ti, á ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.
7 He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
8 He aquí, la verdad amas en lo íntimo: Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
9 Purifícame con hisopo, y seré limpio: Lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.
10 Hazme oir gozo y alegría; Y se recrearán los huesos que has abatido.
11 Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.
12 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
13 No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.
14 Vuélveme el gozo de tu salud; Y el espíritu libre me sustente.
15 Enseñaré á los prevaricadores tus caminos; Y los pecadores se convertirán á ti.
16 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia.
17 Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.
18 Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.
19 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
20 Haz bien con tu benevolencia á Sión: Edifica los muros de Jerusalem.
21 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto ú ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.