El último capítulo del libro de Miqueas pinta un cuadro muy sombrío de Israel. La gente ya no confiaba entre sí y solo esperaba el momento de insultarse y destruirse mutuamente.
Miqueas 7.3-4 explica por qué sucedió esto: el mal liderazgo fue la causa. Los líderes y jueces trabajaban por regalos y aceptaban sobornos. Pensaban cómo burlar el sistema para beneficiarse a sí mismos. Esperaban que la gente les sirviera, en lugar de servir ellos a la gente.
El Principio de la Capacitación recuerda que los líderes aportan valor a las personas sirviéndolas. Cuando los líderes no hacen esto, con el tiempo se vuelven egoístas. Sin una razón contundente para servir a otros, los líderes tarde o temprano comienzan a servirse a sí mismos. Esto puede convertirse en un problema en su liderazgo. Los siguientes ejemplos de la Biblia apoyan la reflexión sobre este tema:
- Con una razón, Sansón pudo ganar numerosas batallas. Sin una razón, no pudo ni siquiera resistir la tentación de su mujer.
- Con una razón, Saúl pudo conquistar el reino. Sin una razón, no pudo ni siquiera dominar sus propios celos.
- Con una razón, David pudo vencer a Goliat. Sin una razón, no pudo ni siquiera hacer frente a su propia lujuria.
- Con una razón, Elías pudo hacer descender fuego del cielo y vencer a los 450 profetas de Baal. Sin una razón, huyó de Jezabel.
- Con una razón, Pedro pudo predicar y llevar a 3.000 personas a la fe. Sin una razón, negó tres veces que pertenecía a Jesús y a sus discípulos.
Miqueas 7.3-4
3 Para completar la maldad con sus manos, el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el antojo de su alma, y todos entretejen la maldad.
4 El mejor de ellos es como el cambrón; el más recto, como zarzal: el día de tus atalayas, tu visitación viene; ahora será su confusión.