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La ley de la navegación – Isaías (parte 2)

La importancia de planificar y orar.

El rumbo está fijado antes de que el equipo zarpe. El punto dorado sigue la ruta planificada hasta la meta.
Ley de liderazgo #4

La ley de la navegación: Quien no planifica, planifica fracasar.

Pasaje bíblicoIsaías 37Leer en BibleServer.com
5 min de lectura

El rey Ezequías es un ejemplo de un líder que hizo todo lo que era humanamente posible. Todo lo que estaba en su poder. Pero cuando ya no pudo avanzar más, cuando había agotado todas las posibilidades humanas, se volvió a Dios. Y Dios hizo posible lo que Ezequías no podía lograr. La planificación y la oración van de la mano. Recurrir a una sola de las dos sería ingenuo y, en definitiva, incompleto.

Una ruta blanca planificada se detiene ante un muro y un arco dorado desde arriba la lleva al otro lado – como Ezequías.
Una ruta blanca planificada se detiene ante un muro y un arco dorado desde arriba la lleva al otro lado – como Ezequías.
Isaías 37.1-37
1 Y ACONTECIÓ que, oyéndolo el rey Ezechîas, rasgó sus vestidos, y cubrióse de saco, y entróse en la casa de Jehová.
2 Y envió á Eliacim mayordomo, y á Sebna escriba, y á los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de sacos, á Isaías profeta hijo de Amós.
3 Los cuales le dijeron: Así ha dicho Ezechîas: día de angustia, de reprensión, y de blasfemia es este día: porque los hijos han venido hasta el punto del parto, y la que pare no tiene fuerzas.
4 Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras de Rabsaces, al cual envió el rey de Asiria su señor á blasfemar al Dios vivo, y á reprender con las palabras que oyó Jehová tu Dios: por tanto alza oración tú por el remanente que aun ha quedado.
5 Y vinieron los siervos de Ezechîas á Isaías.
6 Y díjoles Isaías: Habéis de decir así á vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
7 He aquí, yo pongo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverse ha á su tierra: y yo haré que en su tierra caiga á cuchillo.
8 Vuelto luego Rabsaces, halló al rey de Asiria que combatía á Libna: porque había ya oído que se había partido de Lachîs.
9 Y oyó decir de Tirhaca rey de Etiopía: He salido para hacerte guerra. Y en oyéndolo, envió embajadores á Ezechîas, diciendo:
10 Así diréis á Ezechîas rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria.
11 He aquí que tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria á todas las tierras, destruyéndolas; ¿y has tú de escapar?
12 ¿Libraron sus dioses á las gentes que mis padres destruyeron, es á saber, Gozán, y Harán, Reseph, y los hijos de Edén que estaban en Thalasar?
13 ¿Dónde está el rey de Hamath, y el rey de Arphad, y el rey de la ciudad de Sepharvaim, de Hena, y de Hiva?
14 Y tomó Ezechîas las cartas de mano de los embajadores, y leyólas; y subió á la casa de Jehová, y extendiólas Ezechîas delante de Jehová.
15 Entonces Ezechîas oró á Jehová, diciendo:
16 Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que habitas entre querubines, sólo tú eres Dios á todos los reinos de la tierra: tú hiciste el cielo y la tierra.
17 Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira: y oye todas las palabras de Sennachêrib, que ha enviado á blasfemar al Dios viviente.
18 Ciertamente, Jehová, los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras, y sus comarcas;
19 Y entregaron los dioses de ellas al fuego: porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra: por eso los deshicieron.
20 Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú solo eres Jehová.
21 Entonces Isaías hijo de Amós envió á decir á Ezechîas: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste sobre Sennachêrib rey de Asiria,
22 Esta es la palabra que Jehová habló contra él: Háte menospreciado, hate escarnecido, virgen hija de Sión: meneó su cabeza detrás de ti la hija de Jerusalem.
23 ¿A quién dijiste injurias, y á quién blasfemaste, y contra quién hablaste alto, y alzaste tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel.
24 Por mano de tus siervos denostaste al Señor, y dijiste: Con la multitud de mis carros subí á las cumbres de los montes, á las cuestas del Líbano; y cortaré sus altos cedros, sus hayas escogidas; y entraré á la altura de su término, al bosque de su Carmelo.
25 Yo cavé, y bebí las aguas; y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de lugares fortalecidos.
26 ¿Nunca has oído que de largo tiempo lo hice yo, que de días antiguos lo he formado? Ahora lo he hecho venir, y fué para destrucción de ciudades fuertes en montones de asolamiento.
27 Y sus moradores, cortos de manos, quebrantados y confusos, fueron como la hierba del campo y hortaliza verde; como heno de los tejados, que antes de sazón se seca.
28 Yo he conocido tu estada, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí.
29 Por cuanto te has airado contra mí, y tu estruendo ha subido á mis oídos, yo pondré mi anzuelo en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré tornar por el camino por donde viniste.
30 Y esto te será por señal, oh Ezechîas: Este año comerás lo que nacerá de suyo, y el año segundo lo que nacerá de suyo; y el tercer año sembraréis, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas.
31 Y lo que hubiere escapado, lo que habrá quedado de la casa de Judá, tornará á echar raíz abajo, y hará fruto arriba.
32 Porque de Jerusalem saldrán residuos, y del monte de Sión escapados: el celo de Jehová de los ejércitos hará esto.
33 Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella escudo, ni fundará baluarte contra ella.
34 Por el camino que vino se volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová.
35 Porque yo ampararé á esta ciudad para salvarla por amor de mí, y por amor de David mi siervo.
36 Y salió el ángel de Jehová, é hirió ciento ochenta y cinco mil en el campo de los Asirios: y como se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.
37 Entonces Sennachêrib rey de Asiria se partió, y se fué y tornó á Nínive, y estúvose allí.
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Fuente: John C. Maxwell, Las 21 leyes irrefutables del liderazgo · Más sobre el origen

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