El Salmo 42 lo escribió un líder que está reseco y sediento. Este líder ha pasado por una temporada verdaderamente agotadora, como puede sucederle a cualquier líder en su desarrollo. Ya nada le resulta emocionante y su motivación está por los suelos. En los versículos 3-5 dice que ni siquiera él mismo sabe dónde está Dios, y eso a pesar de haber tenido muchos momentos verdaderamente extraordinarios con Dios.
Salmo 42:3 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo vendré, y pareceré delante de Dios?
4 Hánme sido mis lágrimas pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
5 Acuérdome de estas cosas, y derramo mi alma en mí; porque había pasado con la multitud, la conducía hasta la casa de Dios, con voz de gozo y de alabanza, con multitud que hacía fiesta.
Entonces el líder empieza a hablarse a sí mismo y a decirse la verdad.
Salmo 42:6 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas en mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar, por las saludes de su presencia.
Lo que hace tan especial a este salmo es su humanidad. El líder ha entendido que solo puede llevar a otros hasta donde él mismo se encuentra. "Fingir hasta lograrlo" no es una opción. No se trata de mostrar hacia afuera que todo está bien cuando por dentro no lo está. Así que, antes de volver a dirigir a otros, clama pidiendo la ayuda de Dios y pide renovación y refrigerio. Los líderes que han entendido el principio del ejemplo se comportan así:
- Son honestos consigo mismos y con su situación actual.
- Claman a Dios en tiempos de agotamiento y piden su refrigerio y edificación.
- Se niegan a mostrarse mejor de lo que están en realidad, y encarnan la verdad para los demás.
- Declaran la verdad sobre su vida y su futuro.
Salmo 42:1-12
Anhelo de Dios
1 Al Músico principal: Masquil a los hijos de Coré.
2 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
3 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo vendré, y pareceré delante de Dios?
4 Hánme sido mis lágrimas pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
5 Acuérdome de estas cosas, y derramo mi alma en mí; porque había pasado con la multitud, la conducía hasta la casa de Dios, con voz de gozo y de alabanza, con multitud que hacía fiesta.
6 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas en mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar, por las saludes de su presencia.
7 Dios mío, mi alma está en mí abatida: acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizar.
8 Un abismo llama a otro a la voz de tus canales: todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
9 De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su canción será conmigo, y oración al Dios de mi vida.
10 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
11 Como quebrantamiento de mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
12 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas en mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar, salud de mi rostro, y Dios mío.