Al igual que Jeremías, Ezequiel también sabía cómo comunicar una visión de tal manera que todos la entendieran y todos supieran qué hacer. Esa es la marca de un buen comunicador. Las siguientes reflexiones ayudan a profundizar en ello:
- Su visión era memorable y sus palabras inolvidables.
Dios instruyó al profeta sobre cómo debía comunicar la visión. Le dijo qué cosas debía usar para ello, por ejemplo, ladrillos, planchas de hierro, su propio cuerpo, sogas, ingredientes para el pan, excremento humano y estiércol de vaca. Las instrucciones de Dios eran tan radicales que hasta el mismo Ezequiel se sentía repelido por ellas. Solo así nadie olvidaría cuál era el mensaje del profeta.
- Su visión era medible y sus palabras llenas de conocimiento.
Ezequiel habló con gran precisión sobre acontecimientos futuros. No dio una palabra vaga y fácil de malinterpretar sobre cómo Dios quería que la gente lo siguiera, si decidían cooperar. Habló con insistencia y detalle sobre cuánto tiempo Israel se había alejado de Dios, sobre el asedio de Jerusalén, cuánto duraría el exilio y cómo serían las condiciones cuando Dios ejecutara el castigo largamente anunciado.
- Su visión era motivadora y sus palabras un estímulo.
Ezequiel no habló solamente para anunciar el juicio. Quería mover a los israelitas al arrepentimiento y al regreso a Dios. Habló de lo vergonzosa que sería la vida bajo un gobernante extranjero y de lo terrible que sería tener que someterse a su poder. Les dio una razón para actuar.
Ezequiel 1:1-3
1 Y FUÉ en el año treinta, en el mes cuarto, á cinco del mes, que estando yo en medio de los trasportados junto al río de Chebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.
2 A los cinco del mes, que fué en el año quinto de la transmigración del rey Joachîn,
3 Fué palabra de Jehová á Ezequiel sacerdote, hijo de Buzi, en la tierra de los Caldeos, junto al río de Chebar; y fué allí sobre él la mano de Jehová.