La calidad del compromiso a través del ejemplo de Daniel: cuando un líder está decidido, los recursos le seguirán.
Cuando los tres mejores amigos de Daniel se negaron a adorar la estatua que Nabucodonosor había mandado erigir, le dijeron al rey que esperaban que su Dios los librara. Inmediatamente después, hicieron una declaración vinculante. "Pero aunque no lo haga, sepa, majestad, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la imagen de oro que has levantado."
Daniel 3.18 Y si no, sepas, oh rey, que no honraremos á tu dios, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
La segunda declaración no debilitó la primera, sino que simplemente reafirmó la determinación de los hombres.
Tan pronto como asumimos un compromiso vinculante, los medios nos siguen. Pero rara vez lo hacen antes de que hayamos declarado nuestro compromiso. De este texto aprendemos lo siguiente sobre el compromiso:
- Suele comenzar con una lucha interior.
- Rara vez tiene que ver con habilidades o dones.
- Es el resultado de una decisión, no de las circunstancias.
- Se forja cuando resolvemos el problema antes de que surja.
- Se fortalece mediante una profunda confianza en Dios.
- Perdura cuando permanecemos enfocados en la meta.
Daniel 3.1-18
Los tres varones en el horno de fuego
1 EL rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, la altura de la cual era de sesenta codos, su anchura de seis codos: levantóla en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.
2 Y envió el rey Nabucodonosor á juntar los gobernadores, los magistrados, y capitanes, los oidores, receptores, los del consejo, presidentes, y á todos los príncipes de las provincias, para que viniesen á la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.
3 Fueron entonces juntados los gobernadores, magistrados, y capitanes, los oidores, receptores, los del consejo, presidentes, y todos los príncipes de las provincias, á la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.
4 Y el pregonero pregonaba en alta voz: Mándase á vosotros, oh pueblos, naciones, y lenguas,
5 En oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, os postréis, y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado;
6 Y cualquiera que no se postrare y adorare, en la misma hora será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
7 Por lo cual, en oyendo todos los pueblos el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, y de todo instrumento músico, todos los pueblos, naciones, y lenguas se postraron, y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado.
8 Por esto en el mismo tiempo llegaron ciertos varones Caldeos, y acusaron maliciosamente á los Judíos.
9 Y hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive.
10 Tú, oh rey, has dado ley que todo hombre, en oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, se postre y adore la estatua de oro;
11 Y el que no se postrare y adorare, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo.
12 Hay unos varones Judíos, los cuales tú has puesto sobre los negocios de la provincia de Babilonia; Sadrach, Mesach, y Abed-nego: estos varones, oh rey, no han hecho cuenta de ti; no honran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que tú has levantado.
13 Entonces el rey Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que hiciesen venir á Sadrach, Mesach, y Abed-nego. Al punto fueron traídos estos varones delante del rey.
14 Habló Nabucodonosor, y díjoles: ¿Es verdad, Sadrach, Mesach, y Abed-nego, que vosotros no honráis á mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
15 Ahora pues, ¿estáis dispuestos para que al punto que oyereis el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, y de la zampoña, y de todo instrumento músico, os postréis, y adoréis la estatua que he hecho? y si no la adorareis, en la misma hora seréis echados dentro del horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?
16 Sadrach, Mesach, y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: No es menester que te respondamos sobre este negocio.
17 He aquí nuestro Dios á quien honramos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
18 Y si no, sepas, oh rey, que no honraremos á tu dios, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.