Uno de los mayores desafíos de un líder está en cómo manejar la resistencia. Nehemías tuvo que enfrentarse a las formas habituales de resistencia:
- Conspiración (Nehemías 4:1-3)
- Tenacidad del adversario (Nehemías 4:7-8)
- Rumores (Nehemías 4:11-12)
Nehemías dio a esto las respuestas correctas:
- oró y respondió (Nehemías 4:4-5)
- respetó a la resistencia (Nehemías 4:9)
- trabajó en sus puntos débiles (Nehemías 4:13)
- tranquilizó al pueblo (Nehemías 4:14)
- se negó a rendirse (Nehemías 4:15)
- le dio al pueblo nuevas fuerzas continuamente (Nehemías 4:16-23)
Mientras que en Nehemías 4 había que resolver sobre todo problemas externos, Nehemías 5 se ocupa de problemas internos:
- la distribución de alimentos
- la distribución de propiedades
- los impuestos
La perseverancia es una cualidad esencial de un líder para sobrevivir a la resistencia y a los críticos. Nehemías demostró cómo se hace, permaneciendo fiel a su llamado.
Nehemías 4:1-17
1 Y FUÉ, que oyendo Sanballat que nosotros edificábamos el muro, encolerizóse y enojóse en gran manera, é hizo escarnio de los Judíos.
2 Y habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria, y dijo: ¿Qué hacen estos débiles Judíos? ¿hanles de permitir? ¿han de sacrificar? ¿han de acabar en un día? ¿han de resucitar de los montones del polvo las piedras que fueron quemadas?
3 Y estaba con él Tobías Ammonita á su lado, el cual dijo: Aun lo que ellos edifican, si subiere una zorra derribará su muro de piedra.
4 Oye, oh Dios nuestro, que somos en menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza, y dalos en presa en la tierra de su cautiverio:
5 Y no cubras su iniquidad, ni su pecado sea raído delante de tu rostro; porque se airaron contra los que edificaban.
6 Edificamos pues el muro, y toda la muralla fué junta hasta su mitad: y el pueblo tuvo ánimo para trabajar.
7 Mas aconteció que, oyendo Sanballat y Tobías, y los Arabes, y los Ammonitas, y los de Asdod, que los muros de Jerusalem eran reparados, porque ya los portillos comenzaban á cerrarse, encolerizáronse mucho.
8 Y conspiraron todos á una para venir á combatir á Jerusalem, y á hacerle daño.
9 Entonces oramos á nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche.
10 Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han enflaquecido, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro.
11 Y nuestros enemigos dijeron: No sepan, ni vean, hasta que entremos en medio de ellos, y los matemos, y hagamos cesar la obra.
12 Y aconteció que, viniendo los Judíos que habitaban entre ellos, nos dijeron diez veces, De todos los lugares de donde volviereis, ellos vendrán sobre vosotros.
13 Entonces puse por los bajos del sitio, detrás del muro, en claro, puse el pueblo por familias con sus espadas, con sus lanzas, y con sus arcos.
14 Después miré, y levantéme, y dije á los principales y á los magistrados, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y terrible, y pelead por vuestros hermanos, vuestros hijos y vuestras hijas, vuestras mujeres y vuestras casas.
15 Y aconteció que, como oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había disipado el consejo de ellos, todos nos volvimos al muro cada uno á su trabajo.
16 Y desde aquel día la mitad de los mancebos trabajaban en la obra, y la otra mitad de ellos tenían lanzas, y escudos, y arcos, y corazas; y detrás de ellos estaban los príncipes por toda la casa de Judá.
17 Los que edificaban en el muro, y los que llevaban cargas, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.
Nehemías 5 La condonación de las deudas
1 Entonces fué grande el clamor del pueblo y de sus mujeres contra los Judíos sus hermanos.
2 Y había quien decía: Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos muchos; hemos por tanto tomado grano para comer y vivir.
3 Y había quienes decían: Hemos empeñado nuestras tierras, y nuestras viñas, y nuestras casas, para comprar grano en el hambre.
4 Y había quienes decían: Hemos tomado prestado dinero para el tributo del rey, sobre nuestras tierras y viñas.
5 Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros hijos como sus hijos: y he aquí que nosotros sujetamos nuestros hijos y nuestras hijas á servidumbre, y hay algunas de nuestras hijas sujetas: mas no hay facultad en nuestras manos para rescatarlas, porque nuestras tierras y nuestras viñas son de otros.
6 Y ensañéme en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras.
7 Medité lo entonces para conmigo, y reprendí á los principales y á los magistrados, y díjeles: ¿Usura sacáis cada uno de vuestros hermanos? Y convoqué contra ellos una grande junta.
8 Y díjeles: Nosotros rescatamos á nuestros hermanos Judíos, que habían sido vendidos á las gentes, conforme á lo que había en nosotros: ¿y vosotros aun vendéis á vuestros hermanos, y serán vendidos á nosotros? Y callaron, que no tuvieron qué responder.
9 Y dije: No es bien lo que hacéis: ¿no andaréis en temor de nuestro Dios, por no ser oprobio de las gentes enemigas nuestras?
10 También yo, y mis hermanos, y mis criados, les hemos prestado dinero y grano: relevémosles ahora este empréstito.
11 Ruégoos que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus olivares, y sus casas, y la centésima parte del dinero y grano, del vino y del aceite que demandáis de ellos.
12 Y dijeron: Devolveremos, y nada les demandaremos; haremos así como tú dices. Entonces convoqué los sacerdotes, y juramentélos que harían conforme á esto.
13 Además sacudí mi vestido, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo á todo hombre que no cumpliere esto, y así sea sacudido y vacío. Y respondió toda la congregación: ¡Amén! Y alabaron á Jehová. Y el pueblo hizo conforme á esto.