Salomón sabía bastante sobre el principio del momento oportuno. Aquí dice que hay un momento adecuado para todo. Luego enumera algunos ejemplos de ello. El nacimiento. La muerte. El plantar. La cosecha. El matar. El sanar. El construir. El derribar. El llorar. El reír. El lamentar. El bailar, etcétera.
La verdad es que la mayoría de las cosas escapan al control del tiempo por parte del líder. Lo único que puede hacer es atender al momento adecuado. Los siguientes pensamientos de Eclesiastés 3 ayudan en la reflexión sobre este principio.
- Es responsabilidad del líder reconocer los tiempos de Dios, no cambiarlos.
- Es tarea del líder aceptar ese calendario y cooperar con Dios dentro de él.
- Sincronizarse con los tiempos de Dios puede marcar una diferencia increíble.
- Dios creó todo conforme a su propio calendario.
- Dios ha puesto en el ser humano una perspectiva de eternidad, por lo cual debe confiar en Dios y en la revelación de sus tiempos.
Eclesiastés 3:1-8
Todo tiene su tiempo
1 Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo:
2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3 Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
4 Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
5 Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar;
6 Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar;
7 Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
8 Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.